Lo que más echo de menos del sector cultural español: los amigos haciendo cola en el baño para esnifar cocaína
¡Ah, qué tiempos aquellos en la Barcelona y el Madrid de los 90 en que, mientras yo esperaba a pie de barra los encargos de birras de mis amigos del cine, la literatura o el cómic, ellos se iban a formar una fila casi castrense al cuarto de baño para meterse una raya de cocaína!
Parece que el hábito continúa arraigado en el sector cultural de mi país, a juzgar por las alusiones al consumo de coca que hacen mis amigos españoles cuando quieren justificar los repentinos desplantes o actitudes hostiles de otros paisanos. Hoy día me asombra reencontrarme con ese factor: en los casi quince años que llevo viviendo en Perú, esa droga apenas ha hecho acto de presencia en los actos sociales y actividades culturales de mi entorno americano.
Parece que en Perú solo la producen y venden.
En verdad, en los saraos literarios, cinematográficos o comiqueros de Lima no veo a nadie manejando papelinas ni invitando a rayas: quizás en la escena limeña esas actividades se lleven a cabo de modo más individual que colectivo, pero dado que hasta el hecho de fumar tabaco está mal visto (existe un término peyorativo y estigmatizador para los que tiramos de cigarrillo: "fumón"), resulta muy probable que realmente el consumo de cocaína sea mucho menor en suelo peruano que en el español.
En España, prácticamente todos mis amigos relacionados con la creación artística o la gestión cultural se metían coca. Ahora voy a parecer un hipócrita meapilas, pero puedo hablar de este tema muy tranquilamente porque jamás en mi vida he esnifado cocaína: soy paranoico, hipocondríaco y una pila andante, así que desde la adolescencia temí en grado sumo sus posibles efectos en mi corazón. Ello ha provocado que me haya mantenido siempre a distancia del perico. Pero vamos, no me ha importado en absoluto que mis amigos consuman, en tanto no viera peligrar de modo patente su salud mental o física. Fuimos y somos mayorcitos para saber lo que hacemos.
Eso sí, soy tan inútil para las cuestiones de las drogas que durante el piscolabis de una presentación en una galería de arte puedo tener enfrente al interlocutor de mandíbula más desencajada y ojos más desorbitados y yo seguir convencido de que el hombre solamente pretende hacerse el interesante. Jamás pienso en las drogas duras como posibilidad de estímulo adicional ni sospecho que los demás invitados sean consumidores. ¿Para qué? ¡Con la cantidad de vinacho gratis que hay en esos fiestorros!
Soy tan panoli que, cual Hrundi Bakshi redivivo, hace lustros también protagonicé la típica escena de aguarle el guateque a mis colegas en el mismísimo coche en que nos desplazábamos a una fiesta en Valencia: antes de apearnos, a una eminencia en cine serie Z se le ocurrió hacer unas rayas para invitar a los cinco o seis que se acumulaban ahí dentro. Esto es, a todos menos a mí. Cuando ya las había definido sobre la caja de un cedé y mis amigos se disponían a abalanzarse en modo jorobado de Notre Dame por una buena aspirada, me entró un cosquilleo irreprimible en la nariz y solté un estornudo que echó todo el polvo blanco por las alfombrillas, haciendo bueno de paso el nombre del salpicadero. Mis amigos me querían matar, con razón.
Fue la única vez que se quedaron estupefactos sin necesidad de sus estupefacientes.
Recientemente he sufrido un par de conflictos con profesionales españoles que me han hecho objeto de inesperados maltratos verbales, para a posteriori recibir una justificación idéntica por parte de terceros respecto a la causa de ese abuso conmigo. Hace unos meses, con motivo de una efeméride en torno a una célebre escritora anglosajona y a través de un buen amigo común, me contactó la directora de una institución ibérica para que consintiera en unirme a un debate sobre esa renombrada figura literaria, a lo cual accedí. Pocos días antes del evento me comunicaron la composición definitiva de la mesa redonda de la que formaría parte. Me chocó de inmediato el que los cinco ponentes fueran hombres y escribí a la directora sugiriéndole con tacto que —sin ánimo de injerir en su labor organizativa— integrara alguna voz femenina, pues la escritora también había sido relevante por su reivindicación del rol de la mujer en la historia de la literatura, rol que nosotros tirábamos por los suelos al no incluir a una sola en el debate-homenaje a la autora. Su respuesta por escrito me quitó el aliento desde la primera frase: "Efectivamente, es una injerencia". Acto seguido me dijo de todo menos bonito y me echó un rapapolvo de cuidado, preñado de una agresividad insólita en alguien que pretendía invitarme a su actividad, como si yo hubiera puesto en duda su profesionalidad en la organización del evento: su reacción fue a todas luces desmedida, me dejó frío como un pescado y, como al final de su correo me recordaba que podía renunciar al conversatorio si así lo deseaba ("y aquí paz y después gloria", añadía con cajas destempladas), decidí hacerle caso y retirar mi participación, incómodo por las formas y el dilema de fondo.
Cuando le comenté a nuestro amigo común tamaña hostilidad e invectivas hacia mí por parte de la directora, el hombre se limitó a decirme: "Es que lleva muy mal su adicción a la coca y le dan estos arranques violentos". Ah, bueno, pensé, ¿y qué culpa tengo yo de eso? Que cambie de camello, tú mejorgrifo.com.
Para mi pasmo, hace solo unos días volvió a suceder otro incidente similar: un colega en esto de juntar letras, famoso por acosar con improperios a todo cristo en redes y por sus insultos sin venir a cuento, la tomó también conmigo en un foro virtual, llamándome mil cosas feas sin mediar provocación ni careo previos. Cuando aludí a esa irascibilidad ilógica frente a otro colega de oficio, este me ofreció la misma explicación: "Hay que entenderle: le sienta fatal la coca y cuando tiene el bajón se le va la olla en internet y dispara a todo dios sin razón".
Una vez más: ¿y yo qué culpa tengo de que la coca le siente mal?
Ahora resulta que los que no nos drogamos (o nos drogamos sin meternos con nadie ni poner a bajar de un burro a quienes no albergan culpa alguna de nuestros problemas) tenemos que disculpar la falta de educación y el comportamiento inapropiado de una pandilla de sinvergüenzas viciosos que no saben separar sus angustias personales de su ámbito profesional y que, con ese pretexto, se sienten con legitimidad para pisotear y vapulear impunemente a quien les venga en gana sin que nadie les alce la voz ni les pare los pies.
Es como si estar enganchado a la coca te eximiera de cualquier responsabilidad social y cívica. Ante la altísima frecuencia con que se dan estos casos, estoy por proponer a las instituciones españolas que incluyan en sus contratos laborales una cláusula de baja temporal de sus funcionarios con derecho a paga íntegra por "exceso de esnifadas". Uy, mejor no, que entonces el Ministerio de Cultura se quedaría vacío.
En resumen, no me parece justo. No creo que consumir cocaína te exculpe de nada ni sea un descargo razonable a la hora de excusar una conducta incívica o irrespetuosa, por más artista o más intelectual o más guay que ellos se crean. No es una cuestión de moralina: estoy a favor de que cada uno haga con su cuerpo y mente lo que le rote, pero sin abusar un pelo de las demás personas. Que busquen ayuda apropiada con su adicción y lidien con ello sin joder a los demás ni chulearnos como si fueran nuestros amos.
Mi demonio interior, el que impulsa la creación mayoritaria de mi ficción, coquetea de continuo con la perversa idea de invitar a todos estos cocainómanos desconsiderados a venirse a Lima a pasar unos días. Les encantaría saber que aquí la coca es muy barata y muy pura…
Pero no, no, demonio mío, ¡mantente (nunca mejor dicho) a raya! Esos pobres diablos bastante tienen con lo suyo.
:format(jpg):quality(99):watermark(f.elconfidencial.com/file/bae/eea/fde/baeeeafde1b3229287b0c008f7602058.png,0,275,1)/f.elconfidencial.com/original/fa0/ff3/f0d/fa0ff3f0d1cd3daa8a3178364e649063.jpg)
Contenido original en https://www.elconfidencial.com/cultura/2026-05-03/lo-que-mas-echo-de-menos-del-sector-cultural-espanol-los-amigos-haciendo-cola-en-el-bano-para-esnifar-cocaina_4347676/
Si cree que algún contenido infringe derechos de autor o propiedad intelectual, contacte en [email protected].
Copyright notice
If you believe any content infringes copyright or intellectual property rights, please contact [email protected].