Razones por las que Trump nada logra de Putin
Después de mucha expectación, la cumbre Trump-Putin en Alaska no tuvo resultados. Al principio, Trump insinuó que Zelenski debía ceder, pero cuando el líder ucraniano se negó y fue a Washington, Trump le recibió con sonrisas y promesas de seguridad. Putin había desairado a Trump, una ofensa que no perdona. Celebrar la cumbre en Alaska fue un error, pues fue territorio ruso y es un asunto que aún duele allí. Trump razona de manera casi infantil, con un ego frágil, y cree que su admiración puede seducir a Putin, pero el ruso es frío y cerebral, inaccesible a esas muestras. A Trump le gusta amenazar a adversarios débiles, pero no atacaría a Rusia por cobardía y tacañería. Las sanciones económicas no funcionan con Putin, un dictador al que no le importan los apuros de su pueblo o los oligarcas; el petróleo es un salvavidas que nadie puede eliminar. La opción más obvia es enviar muchas más armas a Ucrania, pero Trump es muy tacaño para gastar en ayudarlas. Su mejor opción comercial sería centrarse en empresas que venden material militar a Rusia, forzándolo a complicados esquemas de contrabando. Pero Trump prefiere seguir prisionero de sus fantasías, soñando con una reunión entre Putin y Zelenski que nunca ocurrirá porque el ruso no lo aceptaría como igual. Y es probable que Trump cambie de opinión de nuevo, incluso radicalmente.

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