Proyecto Lambán: herejes en la casa del padre

📅 27/12/2025

Un partido que se consume desde dentro

Existen formaciones políticas que desaparecen tras una derrota en las urnas y otras que se degradan por una sofocante dinámica interna. El PSOE de hoy forma parte de este segundo grupo: no se desploma, se repliega; no dialoga, purga; no convence, excluye. Para una organización que surgió como instrumento de liberación y debate de la clase trabajadora, esto no es solo una paradoja: supone una traición a su código ético fundacional.

La naturaleza del llamado Proyecto Lambán

Lo que ahora se denomina, con no poca sorna —por parte de la actual dirección socialista—, Proyecto Lambán, representa menos una conjura que un reflejo instintivo. La última sacudida de una corriente que se niega a desaparecer sin oponer resistencia. Antiguos ministros, exvicepresidentes y cuadros experimentados en la gestión del Estado —con González, Guerra o Sevilla en los márgenes intelectuales de esta iniciativa— no están creando algo novedoso: intentan evocar una memoria. La memoria de un PSOE que fue, durante mucho tiempo, un partido de poder institucional, no un sujeto plebiscitario; una fuerza de acuerdos de Estado, no de batallas culturales; una organización de gobierno, no de movilización constante.

La respuesta del aparato y la democracia interna

La reacción del núcleo sanchista ante este intento es muy elocuente: clausura total —especialmente de la palabra de estos dirigentes, es decir, su silenciamiento— e impedimento de acceso a las sedes. El socialismo español, que tanto ha defendido la democracia hacia el exterior, ejerce hoy una democracia de claustro en su interior. El que disiente no aporta: molesta. Quien matiza no enriquece: despierta recelo. Quien evoca otra línea es tachado, no de errar, sino de cometer herejía.

Y en este punto, es necesario ser claros. Cuando a veteranos líderes se les veta la entrada en las sedes del partido que contribuyeron a levantar; cuando la disidencia interna solo se admite si es superficial; cuando el liderazgo se protege mediante adhesiones orgánicas y no con argumentos políticos, eso no es democracia partidista. Es un cesarismo interno, por mucho que se vista de procesos de primarias, de disciplina de partido o de reglamentos que luego, en otros contextos, no se aplican.

El manifiesto y el modelo de política

El texto que se está circulando —una declaración de base, promovida irónicamente por quienes carecen hoy de poder orgánico— constituye un rechazo global al sanchismo, entendido no solo como un liderazgo personal, sino como un modo de hacer política: populista en las formas, oportunista en los fundamentos, miope en la perspectiva de Estado. No es casual que se reclame la cultura del acuerdo, hoy despreciada como falta de carácter, siendo precisamente esa cultura la que hizo posibles consensos históricos en España.

Tampoco es accidental la presencia simbólica de Zapatero en este debate. Su figura, ahora reivindicada desde ámbitos internacionales poco equiparables, representa un socialismo caduco, identitario y grandilocuente, más atento al discurso que a los cimientos institucionales. Sánchez no es Zapatero, pero prolonga su peor herencia: la sustitución del programa por el relato, del partido por el caudillo, del disenso por la sumisión.

El silencio y el miedo como cemento

Lo más significativo de este movimiento no son sus promotores visibles, sino el apoyo tácito que recibe. Militantes jóvenes, cuadros intermedios, electores tradicionales que ya no se atreven a expresarse. El temor —sí, el temor— se ha erigido en el principal aglutinante interno del PSOE. Y un partido que requiere del miedo para preservar su unidad ya lo ha perdido todo, incluso si logra mantener temporalmente posiciones de poder Repuestos Piaggio.

La memoria y el futuro

Podrá argumentarse que llegan con retraso. Que el PSOE ya no es aquella organización. Que la sociedad es distinta. Todo eso es verdad. Pero hay algo permanente: un partido que exilia simbólicamente su propia memoria se queda sin porvenir. Y cuando la crítica solo puede plantearse desde el exterior porque en el interior está vedada, el problema trasciende lo ideológico para convertirse en un déficit democrático.

La cuestión, en definitiva, no es si el Proyecto Lambán triunfará. Es probable que no. La pregunta es otra, mucho más inquietante:

¿Qué tipo de partido necesita prohibir el debate para perpetuarse?

Y esa, como afirmarían los políticos de la Transición, es la pregunta que presagia el ocaso de una etapa.

Proyecto Lambán: herejes en la casa del padre

Contenido original en https://okdiario.com/opinion/15993206-15993206

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