La diplomacia de la Corona: Carlos III viaja a Washington para salvar la "relación especial"

📅 27/04/2026

“Keep calm and carry on”. Carlos III tira de actitud británica y, apenas horas después del último atentado contra Donald Trump, aterriza este lunes en Estados Unidos,acompañado de la reina Camilla, para un viaje de Estado histórico, pero lleno de polémica. El ataque contra el presidente estadounidense el pasado sábado ha obligado a reforzar la seguridad y a realizar ligeros ajustes. Pero esa no es esa la parte que más preocupa de una cita en la que el monarca se enfrenta a la aventura más delicada y potencialmente trascendental de su reinado.

El poder blando de la realeza es uno de sus mayores activos. Y el Reino Unido sabe hacer especial uso de ello: desde el envío de Jorge VI para congraciarse con el presidente Franklin D. Roosevelt antes de la Segunda Guerra Mundial, hasta la reina Isabel II cortejando a Dublín en gaélico durante su histórica visita de 2011. El monarca siempre actúa a instancias del Gobierno. Va donde se le pide. Pero la misión que se le ha encargado ahora es salvar la histórica "relación especial" entre ambos países. Un vínculo que Trump ha llevado al límite con humillaciones constantes al premier Keir Starmer por no alinearse con su estrategia sobre Irán, desacreditando a la Marina Real y planteándose incluso su respaldo a la soberanía británica sobre las Malvinas.

Consciente de la admiración que el inquilino de la Casa Blanca siente por la Familia Real y de su gusto por la pompa y el boato, el Gobierno británico ha convertido al controvertido mandatario en el único presidente estadounidense en ser invitado en dos ocasiones a visitas de Estado en el Reino Unido, la última en septiembre del año pasado, cuando Downing Street buscaba concesiones comerciales cruciales en plena guerra arancelaria. Pero eso no ha impedido que Trump convierta ahora al Reino Unido en un saco de boxeo en su particular batalla contra la OTAN, entre otros asuntos. ¿Qué opciones tiene Carlos III de cambiar la dinámica?

"Cuando las relaciones angloamericanas fluyen con normalidad, como cuando la reina Isabel II asistió a la celebración del bicentenario de Estados Unidos en 1976, una visita real puede ser eficaz para fortalecer los lazos existentes. En tiempos más difíciles, como los actuales, las visitas de Estado adquieren una responsabilidad mayor", apunta el escritor Daniel Collings en su última columna en The Daily Telegraph. "El poder blando de la monarquía británica puede contribuir a establecer un nuevo rumbo e impulsar la relación en la dirección correcta. Sin embargo, para lograr un éxito duradero, es fundamental que los políticos de ambos lados estén preparados para aprovechar las oportunidades que se presenten", añade.

Varios diputados, incluidos laboristas, pidieron que la visita del rey se cancelara, al considerar que supondría un "enorme triunfo diplomático" para Trump en medio de los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán. "En un momento en que Trump ha lanzado una guerra ilegal que está devastando Oriente Medio y disparando las facturas energéticas de las familias británicas, está claro que esta visita no debería llevarse a cabo", dijo Ed Davey, líder de los liberaldemócratas. "No debería concederse a alguien que insulta y perjudica repetidamente a nuestro país", añadió.

Pero Trump considera que el viaje podría ayudar a reparar las relaciones transatlánticas. "Absolutamente. El rey es fantástico. Es un hombre fantástico. La respuesta es sí", señaló durante una entrevista con la BBC el pasado jueves. "Lo conozco bien, lo conozco desde hace años. Es un hombre valiente y un gran hombre. Será, sin duda, algo positivo", añadió.

El inquilino de la Casa Blanca también se refirió a su relación con Keir Starmer, de quien dijo que solo podría “recuperarse” del escándalo que le rodea por el polémico nombramiento de un embajador británico con vínculos con el pederasta convicto Jeffrey Epstein si cambia de rumbo en materia migratoria. Donald Trump ha instado además de forma reiterada al Reino Unido a intensificar la extracción de petróleo y gas en el mar del Norte.

Ambas partes insisten en presentar este viaje como un simple regalo de cumpleaños por el 250 aniversario de independencia de Estados Unidos. La Administración Trump ha garantizado a sus homólogos británicos que la política tendrá poco protagonismo, pese a que el presidente mantendrá una reunión en el Despacho Oval con Carlos III el martes, tras el discurso del monarca ante la sesión conjunta del Congreso. Pero la realidad es que se trata de una visita cuidadosamente diseñada y guiada por el Estado británico, con profundas implicaciones políticas y estratégicas.

Según Stephen Bates, cronista real de The Guardian, el monarca y el presidente estadounidense "distan mucho de ser almas gemelas intelectuales o espirituales". Pero añade que "Carlos lleva décadas jugando al juego diplomático. Sabe cómo las palabras suaves apaciguan la ira y, tras haberse reunido con Trump varias veces durante sus visitas al Reino Unido, también sabe cómo halagarlo, que parece ser la forma de ganarse su benevolencia".

Uno de los principales asuntos a tratar será la guerra en Ucrania, de la que el presidente estadounidense lleva meses distraído por las elecciones de medio mandato y por la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. El conflicto entre Kiev y Moscú se sitúa en el centro de los objetivos diplomáticos británicos y es, además, un asunto especialmente cercano al rey.

Carlos III viajará acompañado prácticamente durante toda la visita por la ministra de Exteriores, Yvette Cooper, que aprovechará para reunirse con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio.

El mensaje del rey, no obstante, será mucho más sutil. Durante la visita de Estado de Trump al Reino Unido en septiembre, la primera dama Melania Trump vistió de amarillo y la reina Camilla de azul, los colores de la bandera ucraniana. "Eso no ocurrió por accidente", dijo una persona conocedora de aquella visita. El estilo de la realeza es "mostrar, no decir", explica Simon Case.

A veces, sin embargo, los mensajes más potentes están a plena vista. Durante el banquete de Estado a Trump en septiembre, Carlos III elogió la alianza submarina AUKUS como ejemplo de colaboración innovadora y vital. Un mes después, Trump confirmó que seguiría adelante con ella "a toda máquina" lipolisis.org.

El monarca insistirá previsiblemente también en el compromiso británico con la alianza defensiva entre ambos países, que incluye maniobras de la OTAN para contener a Russia en el Ártico, mientras Trump cuestiona el futuro de la alianza.

Por otra parte, aunque funcionarios británicos restaron importancia a un correo filtrado del Pentágono que sugería revisar el reconocimiento estadounidense de la soberanía británica sobre Malvinas, cualquier mención de Trump durante la visita daría alas al asunto.

Y hay preguntas más profundas sobre defensa, entre ellas cuánto acelerará Reino Unido su objetivo —impulsado por Trump— de elevar el gasto militar al 3,5% del PIB para 2035. El ex secretario general de la OTAN, George Robertson, aseguró la semana pasada que la relación futura con Washington dependerá de que Reino Unido demuestre avances claros hacia esa meta.

En definitiva, detrás de la pompa y el boato habrá mucha política real. El enviado especial de Starmer para Estados Unidos, Varun Chandra, se sumará al viaje con la intención de desbloquear dos acuerdos sobre comercio y tecnología cerrados el año pasado entre Starmer y Trump. Uno de ellos, el llamado "acuerdo de prosperidad económica", prometía rebajar aranceles estadounidenses sobre coches, acero y aeronáutica a cambio de acceso para carne de vacuno y bioetanol británicos. Pero elementos clave siguen pendientes.

Trump amenazó además el viernes con imponer "grandes aranceles" en represalia por el impuesto británico sobre servicios digitales, que afecta a gigantes tecnológicos estadounidenses.

Carlos III no intervendrá directamente en esas negociaciones, pero su presencia puede facilitar el clima para retomarlas. Como resume un ex alto cargo de Downing Street: "La prioridad es detener la hemorragia y asegurarse de que Trump deje de marcar líneas rojas al primer ministro cada vez que habla con periodistas a medianoche".

De lo que ninguna de las partes querrá hablar será de la investigación sobre Epstein en Estados Unidos. Fue su amistad con el pederasta convicto lo que llevó al ex príncipe Prince Andrew, hermano del monarca, al ostracismo absoluto. Pese a las peticiones de algunos activistas, ni Carlos III ni Camilla se reunirán con las víctimas, lo que añade una capa más de incomodidad al viaje.

El rey intervendrá el martes ante una sesión conjunta del Congreso, convirtiéndose en el segundo monarca británico en hacerlo. Su madre, Isabel II, ya se dirigió al Congreso durante una visita a Estados Unidos en 1991. Ese mismo día, los reyes regresarán a la Casa Blanca para asistir a una cena de Estado ofrecida por el presidente y la primera dama.

Antes de abandonar Washington, la pareja real depositará una corona y flores en homenaje a los militares caídos, un gesto destinado a subrayar la histórica cooperación militar entre el Reino Unido y Estados Unidos. La visita continuará en Nueva York, donde se espera que los reyes se reúnan con equipos de emergencia y familiares de las víctimas de los atentados del 11- S.

El tramo estadounidense del viaje concluirá en Virginia, donde los reyes asistirán a actuaciones de grupos culturales de los Apalaches, representativos del patrimonio de la región. La visita incluirá además una fiesta comunitaria para celebrar el 250 aniversario de Estados Unidos antes de que la pareja real parta hacia las Bermudas, territorio británico de ultramar del que Carlos es jefe de Estado.

La diplomacia de la Corona: Carlos III viaja a Washington para salvar la "relación especial"

Contenido original en https://www.elconfidencial.com/mundo/2026-04-27/reino-unido-carlos-trump-visita-1hms_4345796/

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