Pedro Sánchez se pone en manos de Trump mientras la economía se deteriora
La adaptación gráfica de la gran novela “Suite francesa. Tempestad en junio”, de Irène Némirovsky, se convertirá a buen seguro en uno de los libros del verano, de obligada lectura para Pedro Sánchez por si encuentra alguna clave que pueda servirle para afrontar su propia tempestad en el entorno de las autonómicas andaluzas y con el desarrollo de los juicios a su hermano, David Sánchez, y al exministro Ábalos, señalados para mayo y junio próximos.
Además, la incertidumbre por la guerra de Israel y EEUU contra Irán puede oscurecer aún más el desempeño del presidente del Gobierno, dadas las repercusiones negativas sobre las economías domésticas, provocadas por la escalada de los precios de los combustibles y los alimentos básicos, que han comenzado a percibirse.
En junio, las familias ya estarán sufriendo el declive de sus economías y planearán con cautela y recelo el horizonte de las vacaciones veraniegas. Para empeorar el contexto electoral en Andalucía, el dato de paro registrado de abril, que se conocerá en el arranque de la campaña de las autonómicas, se convierte en un factor crucial en esta coyuntura.
Como sabemos, nuestro futuro –y el de la Humanidad en su globalidad- depende de las decisiones que adopte el “king” Donald Trump. Paradojas de la política, Sánchez -el antitrumpista universal- ha puesto su destino, en buena medida, en manos del presidente de los EE.UU, cuya decisión de parar la guerra –o prolongarla- impactará directamente en las opciones electorales del presidente español y del PSOE en Andalucía.
Parece claro que Sánchez puede asegurarse la durabilidad de su slogan “No a la guerra”, prolongando sus efectos beneficiosos hasta el inicio de la campaña de las autonómicas andaluzas, fijado para el primero de mayo.
El presidente del Gobierno fía parte del éxito de su candidata Montero a una movilización antibelicista, quedándose -de paso- con el electorado a su izquierda, que, para más inri, acude fracturado a la cita del 17-M. Por si cupiera alguna duda, Sánchez ha escrito su tercera carta solemne a la militancia hace pocas horas, subrayando que “España actúa con coherencia, no renuncia a sus principios”.
En un contexto de dificultades de la población por la subida de los combustibles y el encarecimiento de los productos básicos, los “principios” cuentan poco; de modo que Sanchez se verá obligado a atender las protestas de las familias con medidas complementarias a las adoptadas hasta ahora: más rebajas fiscales a los combustibles y la electricidad y más gasto social para sectores productivos, como el transporte y el agrícola.
Dado que el nuevo vicepresidente, Carlos Cuerpo, tiene una buena reserva de prestigio y llega virginal a su cargo, podrá jugársela durante un tiempo siendo cicatero en medidas reales, aunque se desgaste como referente político: al fin y al cabo -pensará Sánchez- su periplo ministerial tiene fecha de caducidad en julio de 2027.
En un escenario de dificultades económicas crecientes para las familias, acrecentadas por la crisis de los alquileres y la vivienda, más los previsibles ajustes salariales y de empleo, es evidente que la Economía dejará de ser la baza ganadora con la que Sánchez pretende sobrevivir políticamente y llegar con posibilidades de doblar el brazo a Feijoo en 2027.
La desconfianza en la bonanza económica, el auténtico talismán de Sanchez, está recorriendo trasversalmente al electorado español, porque el dato del incremento de la inflación de marzo –3,3% respecto a hace solo 1 año- evidencia que la Economía española no estaba tan “preparada” para el shock de la guerra como presumía el Gobierno.
Siendo cierto que la “excepción ibérica” y el éxito de las renovables se traduce en una electricidad más económica para la totalidad de los hogares, no es menos cierto que el parque de vehículos eléctricos o híbridos sigue siendo escaso frente a los motores de combustión, y que la economía española se mueve gracias a los carburantes clásicos.
La normalización de las relaciones con Argelia puede permitir un cierto alivio de la factura del petróleo, pero es una gota en el océano y no influye en la fijación de los futuros y los precios, que se negocian globalmente. Tal como señala el consenso de los analistas, los combustibles sólidos mantendrán su rally alcista durante unos meses, incluso si Israel y EEUU decidieran poner fin a la guerra contra Irán ahora mismo.
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